"¿Cuándo se jodió el Perú?" es una pregunta retórica que se hace el protagonista llamado Zavalita, en la novela Conversación en la catedral (1969), del escritor peruano Mario Vargas Llosa.
Para responder a dicha pregunta, primero hay que saber qué es el Perú. Para ello vamos a hacerlo desde la lingüística, la historia y la política.
En primer lugar, Perú, es un signo lingüístico (unidad mínima de una oración) y éste, a su vez, está formado por un significante (forma perceptible visual -escrita- o acústica -pronunciada-) y un significado (idea mental o concepto). El significante Perú originariamente fue Birú, un cacique indígena que, según los nativos de Panamá en el siglo XVI, reinaba en un rico reino al sur. Al escuchar esto, los primeros conquistadores españoles se interesaron por ese reino y lo llamaron como su rey, Birú, pero ese territorio lo extendieron a más allá del sur que le habían dicho los panameños. Con el uso, los hispánicos cambiaron inconscientemente la pronunciación de Birú por Perú. Este fenómeno lingüístico se llama asimilación por ensordecimiento fonético, y se da cuando dos sonidos (fonemas /b/ y /p/) se asemejan (entre ellos solo hay una diferencia que es la sonoridad -vibración de las cuerdas vocales- de /b/ y el sonido sordo -no vibrante- de /p/) y ocurre un cambio fonético (en la pronunciación). A su vez ocurre una abertura vocálica del fonema /i/ (vocal cerrada) que cambia en /e/ (vocal intermedia).
Ahora, volviendo a la pregunta retórica de Vargas Llosa, cabrían dos posibilidades de saber cuándo se jodió el Perú. Una de ellas podría ser la guerra civil entre los herederos al trono inca, los medio hermanos Huáscar y Atahualpa. Bien sabemos que el padre de ambos, el inca Huayna Cápac, dividió el imperio incaico antes de morir para repartirlo entre sus dos hijos. A Atahualpa le dejó la zona norte (el actual Ecuador, la región de Pasto en Colombia y una parte del actual norte de Perú) y a Huáscar le legó el resto. Esta guerra civil, como todas las guerras civiles, dejaron al reino de los incas en una situación lamentable y paupérrima, por las bajas, la desestructuración del país y las pérdidas económicas.
La segunda posibilidad de saber cuándo se jodió el Perú, va unida a la primera porque casi inmediatamente después de terminar la guerra civil, entre los hermanos herederos del trono inca, ocurrió el hecho de la llegada y conquista española al territorio que hoy es Perú. Francisco Pizarro comandaba a los peninsulares. Se entrevistaron con el inca Atahualpa en la ciudad de Cajamarca, lo secuestraron, pidieron un cuantioso rescate en oro y plata, lo juzgaron, lo condenaron y lo mataron.
En tal situación de conmoción, los peninsulares desmantelaron la estructura política, social y económica del imperio inca. La conquista fue total, excepto por una valiente y breve resistencia desde la localidad de Vilcabamba, cerca de Cusco. Doscientos años depués, en el siglo XVIII, la frustrada rebelión del gran líder indígena Túpac Amaru, trajo consigo el castigo de la prohibición de la lengua quechua.
Estos dos hechos hicieron colapsar y destruyeron el reino de los incas; es decir, destruyeron al Perú o Tawantinsuyo. Esto es indudable. De lo que no estoy seguro es si considerar estos dos hechos como aislados uno de otro o unidos. Me explico: de no haber ocurrido la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, los españoles se hubiesen encontrado con un reino cohesionado y fuerte, con lo que una conquista o invasión no hubiera sido tan sencilla. Como mencionan los historiadores, en la guerra civil, Atahualpa reunió a los pueblos del norte del reino de los incas que habían sido dominados anteriormente por estos, antes de incorporarse al imperio incaico. Así fue como derrotó a su hermano Huáscar.
De este modo, podrían verse estos dos hechos (la guerra civil y la conquista) como uno solo, aunque también sería válido verlos como dos hechos independientes.
En realidad, la conquista española del Perú fue catasfrófica para la población indígena: trajo consigo una serie de cambios políticos, sociales y económicos. Desapareció la jerarquía inca que fue sustituida por la monarquía española y su representante en el Perú: el virrey. Los indígenas peruanos ya no podían adorar a sus dioses porque se había decretado la "extirpación de idolatrías", y si osaban volver a sus antiguas creencias eran castigados por la inquisición. Tampoco se les permitió tener memoria documental porque se destruyeron miles de quipus (nudo en quechua), que eran unas cuerdas con nudos que servían para administrar la contabilidad del imperio y documentar acontecimientos cotidianos y oficiales.
Por otro lado, el contacto con los europeos transmitió nuevos virus y enfermedades (virus, sarampión, etc.) entre los indígenas, los cuales evidentemente no eran inmunes, y esto diezmó enormemente a la población. Se estima que murieron millones por las epidemias.
El sistema agrícola llamado ayllu (sistema comunal de agricultura autogestionada) se anuló y se les quitó sus tierras para crear las haciendas y latifundios que fueron repartidos entre los conquistadores y los nuevos colonos hispánicos en territorio peruano. Los indígenas tuvieron que refugiarse y huir de los abusos coloniales en las zonas más altas de los andes.
En este punto, quisiera hacer dos incisos referentes a la nueva demografía étnica y a la importación de esclavos africanos al Perú y al resto de colonias americanas. Los considero importantes para entender la nueva realidad de la etapa colonial peruana.
La nueva demografía se debió al mestizaje genético entre hombres peninsulares y mujeres indígenas. Este nuevo individuo mestizo no era ni español ni indígena; era un sujeto desarraigado sin una tradición de dónde sostenerse. Este desarraigo lo padece la sociedad peruana a día de hoy, y se manifiesta en una crisis de identidad y la resistencia a reconocerse como un pueblo diverso por los prejuicios existentes. Así, el mestizo es una persona marginal, que creará una nueva cultura a falta de arraigo propio. Cogerá un poco de blanco y un poco de indígena, pero nunca se definirá hacia un lado. De esa forma, en Lima, por ejemplo, el mestizo vive en las zonas populares y masificadas de gente, como por ejemplo, el distrito de El Agustino, donde se genera una nueva manifestación cultural: la música chicha.
En cuanto a la importación de esclavos africanos, éstos se trajeron al Perú para trabajar en las plantaciones de algodón y caña de azúcar de la costa peruana. Su presecia en terrritorio peruano desbarata todo intento de llamar "provincias" (por parte de los supremacistas hispanistas) a los virreinatos españoles en suelo americano. La monarquía española se equiparó a los demás imperios coloniales en la importación de esclavos africanos a América, como hicieron los imperios ingleses, portugueses, franceses y holandeses. El Perú y otros virreinatos americanos no eran provincias, eran colonias per se. La esclavitud africana lo demuestra.
Finalmente, defendiendo la primera opción, pienso que los peruanos deberíamos sentirnos orgullosos de nuestro legado inca, preinca y de nuestras actuales culturas vivas o naciones. El Perú es un país milenario, con una rica cultura, gastronomía, bellos paisajes naturales, potencia en biodiversidad y en recursos minerales. Sin embargo, aún hay muchas cosas por mejorar; entre ellas, llevar toda esa riqueza a los peruanos más necesitados de oportunidades (que representan el 30% de pobreza del país), no regalándoles dinero sino en inversión del estado en educación, salud y seguridad ciudadana.
Hay también otros problemas graves como controlar la minería ilegal y acabar con el crimen organizado. Además, la informalidad laboral es de un inaceptable 80% de la PEA (población económicamente activa). Así es inviable lograr el desarrollo. Pero lo que está desangrando al país en su conjunto es la corrupción porque, según la contraloría general de la república, hace perder al Perú cerca de 25 mil millones de soles al año. ¿Se imaginan lo que se podría hacer con ese dinero en favor de ese 30% de pobres?
Juan Post
Lima, abril de 2026.


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