Ha sido una grata experiencia leer el libro
Atlas de etnología*, de Dieter Haller ([2005] 2011). En él pude reconfirmar que la etnología abarca un gran número de actividades humanas. En ese sentido abarcador lo podemos comparar con la filosofía (véase el incomensurable trabajo filosófico de Hegel). La diferencia está en que mientras la filosofía se basa en una sabiduría teórica de segundo grado (el primer grado es la ciencia), la etnología se basa en datos obtenidos de la convivencia con las culturas a estudiar; a esto se le llama
trabajo de campo.
El libro comprende una inmensa cantidad de gráficos y dibujos que complementan muy bien la lectura. En esta, básicamente se sientan los fundamentos de toda exploración etnológica; a saber, la etnografía es la ciencia que toma los datos, la etnología hace comparaciones con esos datos y la antropología conjuga los anteriores para hacer una teoría general del ser humano. Digo esto
grosso modo, ya que animo a toda persona que tenga interés en entender la interacción del ser humano con la sociedad y la cultura. Ambas no solo lo mismo, aunque muchos las usen de sinónimos. La sociedad es cómo se organizan las personas y la cultura tiene que ver con las costumbres y tradiciones de una sociedad.
La lingüística, como actividad humana, también tiene un apartado que, en lo personal, me dejó satisfecho, en cuanto a que estaba buscando cómo la cultura influye en el lenguaje y viceversa. Y ahí juegan un papel fundamental la semántica y la pragmática. Y en términos culturales, toda acción lingüística, sea política o meramente descriptiva, va a tener una inmedible importancia, ya que la cultura abarca a la lengua (individual) y el habla (social). Gracias a la etnología, cultura y lenguaje casan a la perfección.
*Haller, Dieter. 2011. Atlas de etnología. Madrid, Akal.
Juan Post
Mayo de 2026.