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lunes, 14 de junio de 2021

CURSO INTRODUCTORIO AL PROGRAMA BIOLINGÜÍSTICO DE CHOMSKY

 

RESUMEN

La importancia actual del trabajo teórico y aplicativo de Chomsky desborda el campo de la lingüística hacia otras disciplinas del conocimiento como la psicología, la biología, la informática, entre otras. Ello implica, obviamente, un alto grado de complejidad para su estudio. Por esa razón, el presente trabajo pretende hacer una síntesis de la misma, prestando atención a la cronología de sus etapas teóricas y sus aspectos más relevantes, más allá de una breve asignatura universitaria. Todo esto dentro del rótulo «Curso introductorio…», el cual delimita la profundidad de los detalles y el análisis. En todo caso, se aspira a ser una guía en los primeros pasos del lector con algunas nociones, o simplemente una invitación a aquellos interesados en este Programa Biolingüístico.

Palabras clave: Biolingüística, Generativismo, Innatismo, Programa Minimalista, Recursividad, Tercer Factor.



I. CONSIDERACIONES PRELIMINARES

Noam Chomsky (Filadelfia, EEUU, 1928) es quizás el lingüista más influyente en la actualidad. Fue alumno de Zellig Harris, quien fue seguidor de Bloomfield, en la Universidad de Pennsilvania. De este adaptó y reelaboró su Gramática Transformacional a su Gramática Generativa, la cual no es una teoría estática como el enfoque estructuralista, sino, más bien, dinámica por sus cualidades internistas y computacionalistas. Esto se puede ver, por ejemplo, en que el binomio generativista «competencia/actuación» es más completo que el binomio estructuralista de «lengua/habla», porque describe mejor las capacidades lingüísticas y el uso que hacen los hablantes.


Una constante a lo largo del trabajo de Chomsky es el diseño o arquitectura de su sistema. Este permite una serie de posibilidades operativas al pasar de la teoría a la aplicación empírica, como la informática y sus algoritmos computables con la «Forma Normal de Chomsky». Asimismo, en investigación, se está desarrollando el Programa Minimalista, la recursividad en humanos y otras especies, la adquisición y desarrollo del lenguaje... 

La contribución de este lingüista a diversas disciplinas ha sido enorme, pero también ha recibido algunas críticas de índole empirista (Elman et al., 1996) y teórico (Pinker y Jackendorff, 2005). Sin embargo, su producción bibliográfica se ido expandiendo. En sus trabajos puede verse que es un gran conocedor de la tradición del estudio del lenguaje, pues en sus investigaciones parte de autores como  Descartes, Port-Royal, Humboldt, entre muchos otros. De sus libros se puede mencionar títulos como Aspectos de la teoría de la sintaxis (1965), El lenguaje y el entendimiento (1960), Una aproximación naturalista a la mente y al lenguaje (1998), etc. Además, ha incursionado en el activismo político y ha escrito varios textos sobre esa temática.

La biolingüística es una disciplina amplia, que se enfoca principalmente en las relaciones entre la biología y el lenguaje; es decir, en entender el lenguaje como un órgano del cerebro y, por ende, como parte de la biología humana (Jenkins, 2000). El lingüista y neurólogo Eric Lenneberg, autor del afamado Biological Foundations of Language (1967), fue el pionero en estas investigaciones. Pero fue otro lingüista, Massimo Piatelli, quien planteó el término «biolingüística» en unas conferencias en 1974, en el MIT, Massachusetts Institute of Technology. Posteriormente, Chomsky adopta el nombre de «Programa Biolingüístico» para toda su teoría, desde la década de 1950 hasta la actualidad. En orden cronológico, esta teoría se divide en tres partes: la «Primera Gramática Generativa», la «Teoría Principios y Parámetros», que realidad vendría a ser una segunda gramática generativa, y el Programa Minimalista. 

Para cada apartado, como se verá en el presente trabajo, se ha diseñado sendos cuadros con los componentes que las conforman y sus debidas explicaciones. No obstante, algunos cuadros son reproducciones de ejemplos de los autores citados en la bibliografía. Se incluirá además una parte inicial dedicada al innatismo y una parte final a la recursividad, antes de la Primera Gramática Generativa y de las conclusiones, respectivamente.



II. INNATISMO CHOMSKIANO

Es imprescindible señalar que el debate sobre si el origen del lenguaje es natural o convencional, data de los tiempos de Platón en su afamada obra Crátilo (360 a. C.). Es así que, desde filósofos, naturalistas y psicólogos han tratado de hallar una respuesta contundente a este longevo debate. En contraste, la lingüística que apenas cuenta con poco más de una centuria de existencia aparece como la ciencia social que se ocupa del estudio del lenguaje en sus diversas  facetas (como expresión lingüística -hablada, escrita, en braile, lengua de señas, etc.-, como posterior lengua normativa, fonética, fonológica, semántica, pragmática, etc.). En este sentido, Chomsky (1957) se decanta por la adquisición natural del lenguaje porque, en base a sus investigaciones, el ser humano dispone de una Gramática Universal innata; es decir, está preprogramado genéticamente para expresarse lingüísticamente siempre y cuando bajo un entorno adecuado. 

La propuesta del innatismo está enmarcada a su vez dentro de otra teoría más general, esencial en psicología, que es la de la «Adquisición y desarrollo del lenguaje». 

A continuación se hará mención, de manera sucinta, de las cuatro teorías de la adquisición más relevantes.

En primer lugar, se empezará con el conductismo, propuesto por el psicólogo Frederick Skinner (1938), en el cual el aprendizaje del lenguaje se adquiere por medio de los estímulos y respuestas en el contexto cultural. 

Por otra parte, el cognitivismo, del biólogo Jean Piaget (1972), propuso la aparición del lenguaje vinculado a la inteligencia y al pensamiento. 

Otra corriente teórica, el interaccionismo, representada principalmente por los psicólogos Lev Vygotsky (1931) y Jerome Bruner (1971), proponen que por medio de la interacción del niño en un ambiente social facilitará su acceso a las reglas del lenguaje. 

Por último, Noam Chomsky (1965), propondrá que el innatismo por medio del «Dispositivo de Adquisición del Lenguaje» (LAD, por sus siglas en inglés) o conocimiento gramatical innato, se adquieren y desarrollan las lenguas humanas. En este punto, este lingüista acepta también la importancia de la experiencia (Perot, 2010), y que el desarrollo de la lengua materna, o L1, debe darse dentro del «período crítico»; es decir, entre los primeros años del niño hasta los 12 años de edad ya que pasado ese período tendrá dificultades en sus capacidades lingüísticas (Lenneberg, 1967). Para Chomsky (1965), en suma, la lengua es un estado de la mente y es extraordinariamente creativo por su naturaleza computacional. 

El lenguaje (Chomsky, 1976), pese a contar con un limitado y disperso número de unidades léxicas, puede generar infinitas combinaciones para construir y comprender nuevas frases y oraciones, no oídas previamente. Para explicar esto se plantea la existencia de una capacidad innata en los seres humanos. Por tanto, el lenguaje no es una conducta, como afirmaba Skinner (1938), sino un «órgano mental», el cual es bastante parecido a otros sistemas biológicos de naturaleza innata como el de la visión.

Así, pues, el innatismo es una especie de fuente de la que parte el sistema de Chomsky, porque reflexiona sobre la rapidez con la que desde la infancia se aprenden las lenguas, pese a poseer estas sistemas complejos. No obstante, este aprendizaje no explica esa rapidez, sino que la razón está en la facultad del lenguaje o, en otras palabras, en la estructura de los genes con la que se viene al mundo de manera preprogramada. Se trata de una condición humana que es un componente mental y lingüístico. De esta forma, el innatismo plantea una solución al problema lógico de la adquisición y desarrollo del lenguaje. 

Chomsky (1980) acepta que los estímulos, o input lingüísticos, que se reciben en la infancia son positivos para el aprendizaje de las lenguas, aunque no son suficientes. Esto se debe a sus restricciones y pobreza en la recepción para deducir las propiedades y los principios abstractos del lenguaje. Por tanto, el hecho de que el estímulo fomente la facultad del lenguaje es una conditio sine qua non para su adquisición y desarrollo. En consonancia con Chomsky en este aspecto el psicólogo Steven Pinker (1995) afirma que la estructura interna del lenguaje ya viene dada genéticamente por lo que únicamente mediante el estímulo el niño no puede acceder a ella. En otras palabras, como ya se ha dicho anteriormente, se necesitan ambos componentes (innatismo y experiencia) para que se lleve a cabo de manera óptima la adquisición y desarrollo del lenguaje.

La demostración empírica del innatismo ha venido siendo reforzada por descubrimientos como el gen FOXP2, también conocido como el gen del lenguaje. Sin embargo, como afirma el lingüista Víctor Longa (2006: 203): «el descubrimiento del FOXP2 no debe contemplarse como la evidencia definitiva del carácter innato del lenguaje». Es así que esta llamada a la mesura de Longa se debe obviamente a que si bien existe una cierta relación entre este gen y el lenguaje, los resultados no han sido del todo concluyentes.

El innatismo, en suma, según el enfoque naturalista (Birchenall, et al., 2013) vendría a ser el carácter biológico de la facultad del lenguaje o lengua de señas para sordomudos. Asimismo, guarda estrecha relación con la evolución de la Gramática Generativa, desde la década de 1950 a la actualidad, y no ha sufrido mayores modificaciones. 

Para el estudio del innatismo, se partirá de la propuesta de Chomsky (1960 y 1965) en los que los componentes fonéticos universales en las lenguas naturales operan como un «alfabeto fonético universal» o Sonidos-I, y por medio de estos provienen los rasgos semánticos.

En el cuadro 1° [hacer clic en la imagen para ampliar] se puede observar, de acuerdo con Chomsky (1988a), que los conceptos preexistentes o innatos serían receptivos a «etiquetas» o palabras, las cuales son aprendidas en la infancia. Con esto se descarta que estas etiquetas designen entidades del entorno, sino, más bien, designan conceptos que están dentro de la Gramática Generativa o, lo que es lo mismo, dentro de la mente/cerebro.

Por otro lado, para Chomsky (1960) existe un sistema de «Creencias extra-lingüísticas» que concretan la funcionalidad de la comprensión, identificación y producción del discurso.

Dentro del innatismo se pueden encontrar dos tipos de significados internos: 

1) significado  lingüístico  y  

2) significado  completo 

El 1) significado lingüístico no varía, pero puede llegar a ser enriquecido por medio del sistema de creencias y, de ese modo, «se añade mayor textura a  la  interpretación» (Chomsky, 1998: 103). 

Después de la emergencia del significado lingüístico, aparece por conversión el 2) significado completo, el cual carece de referencialidad externa, porque es innato. De esta forma, queda consolidado el argumento de Chomsky (1998), el cual afirma que los conceptos no están fuera de la Gramática Generativa o de la mente/cerebro, sino que pertenecen a la facultad del Lenguaje.

Ahora bien, como ya se ha visto, para el lingüista Robert Berwick y Chomsky (2011), los conceptos al ser innatos no se modifican. No obstante, y sin perjuicio de lo dicho con anterioridad, se crean en la mente otras «ideas internas» que facilitan el conocimiento y comprensión del lexicón (objetos del mundo exterior). Por tanto, este nuevo corpus léxico carece de referencialidad al ubicarse fuera de la facultad del lenguaje y serían una suerte de átomos de computación que se calculan que son entre 30 000 y 50 000; y datan su origen en un espécimen que vivió en una pequeña comunidad del este de África alrededor de hace 75 000 años.



III. PRIMERA GRAMÁTICA GENERATIVA 

Cronológicamente, la «Primera Gramática Generativa» (en adelante, PGG) empieza en los años 50 y va hasta los años 80 del siglo XX. Tuvo dos momentos teóricos: uno llamado «Teoría Estándar» y otro denominado «Teoría Estándar Extendida». 

Chomsky (2003b), en este primer período, propone un método de estudio del lenguaje por medio de tres niveles de adecuaciones:

- adecuación observacional,

- adecuación descriptiva y

- adecuación explicativa

El nivel de adecuación observacional se centra en cotejar las emisiones gramaticales y agramaticales en una comunidad de hablantes. 

En el nivel de adecuación descriptiva se tiene por objeto el estudio de las reglas de las estructuras gramaticales y las relaciones sintácticas, a fin de dar cuenta de las características de las lenguas del mundo.

En tercer lugar, está la adecuación explicativa, quizás la más importante, la cual se basa en una gramática global de todas las lenguas conocidas. Esta gramática es la que posee el niño de forma innata (facultad del Lenguaje) y que sumado a los estímulos es posible la adquisición y desarrollo del lenguaje. Así, la adecuación explicativa da un giro de 360 grados al desplazar el objeto de estudio del la Lengua-E (exterior), como planteaban estructuralistas y conductistas, hacia la Lengua-I (interna e individualista). 


Siguiendo a Chomsky (1965), en el presente trabajo se ha diseñado el cuadro 2° [a la izq.] para representar la PGG de forma resumida. 

Como se observa en el cuadro, está compuesta por tres partes:  

• Sintáctica 

• Semántica  y 

• Fonológica

En el «acto de producción del habla» (formación de oraciones) concurren a la vez los tres componentes arriba mencionados.


• La Parte Sintáctica se divide en: 

a) Base y un 

b) Componente transformacional (que da lugar a las transformaciones).


a) La base (Chomsky, 1965) se subdivide en:

- Lexicón y un 

- Componente categorial

El lexicón es un compendio de palabras dentro del cerebro con  lemas de forma desordenada, pero que poseen información sintáctica, semántica y fonológica. 

El componente categorial (Chomsky, 1960) es un conjunto  de  reglas sintagmáticas y transformacionales de cada lengua. Estas reglas estructuran las expresiones lingüísticas. De esa manera, promueven la continuidad de las oraciones. 

b) El componente transformacional (y la base) parte del análisis sintáctico tradicional estructuralista. Aquí cabe mencionar que en un primer momento, durante la ordenación de los componentes oracionales, se podrían infringir algunas normas gramaticales de la lengua, como en: El gato vio el perro*. Normativamente, se sabe que tras el verbo «vio» debería ir la preposición «a». Esta adecuación hacia la corrección gramatical ocurrirá después de la elaboración de sucesivas cadenas reescriturales, las cuales adquirirán mayor complejidad conforme al número de reescrituras que se hagan desde la base inicial.

A continuación se pondrá un sencillo ejemplo de una presentación formal de este sistema de reglas (R. 1, 2….), ofrecido por el lingüista Carlos Fernández Otero (1965) en su prólogo a la traducción al español de los «Aspectos de la Teoría de la sintaxis» de Chomsky: 

R. 1. S → FN  FV

R. 2. FV →V  FN

R. 3. FN → Art.  N

R. 4. V → vio

R. 5. N → gato, perro

R. 6. Art. → el


1. S (Oración)

2. FN FV (Frase Nominal, Frase Verbal)

3. FN V FN (Frase Nominal, Verbo, Frase Nominal)

4. Art. N V Art. N (Artículo, Sustantivo, Verbo, Artículo, Sustantivo)

5. Art. N vio Art. N

6. Art. perro vio Art. gato

7. El + perro + vio + el + gato


A continuación, se reproducirá la cadena básica oracional en subcadenas. De esa forma presentarán diferentes niveles ahormacionales o transformacionales, en forma de árboles binarios de derivación. Estos diagramas arbóreos se siguen manteniendo en la actualidad y son una señal distintiva del sistema transformacional de Chomsky.

Al respecto, se toma del ejemplo anterior las unidades de su sistema de reglas para realizar su respectivo ahormante o diagrama arbóreo (Cuadro 2.1). Como puede verse, en el componente transformacional se llevan a cabo los cambios sintácticos de las oraciones:

En esta misma parte sintáctica se crean dos estructuras: 

- Estructura profunda y 

- Estructura superficial

Cada una de estas estructuras se ven representadas en las oraciones por sus niveles de información:

- semántico (e. profunda) y 

- fonológico (e. superficial)

La  base (Chomsky,  1965;  Lasnik  &  Lohndal, 2010; Searle, 1972), que se encuentra en la competencia lingüística (conocimiento gramatical) del hablante, genera la estructura profunda. Posteriormente, esta estructura profunda es transformada en estructura superficial mediante el componente transformacional, y se verá realizada en la actuación (emisión) del hablante.

• La Parte Semántica  (Chomsky, 1965, 1960) es la que crea una «interpretación  de  significado»  desde  la  estructura  profunda, a partir de la sintaxis oracional. Para tal efecto, se establecen otras reglas que analizan cada componente dentro de un contexto situacional.

• La Parte Fonológica (Chomsky, 1956) está conformada por el conjunto de «reglas morfofonémicas» que regularizan la conversión de morfemas en fonemas. De esta forma, se normalizan los detalles de la pronunciación y se crea una «interpretación de sonido» de la estructura  superficial.

En definitiva, la PGG se caracteriza primordialmente por un gran énfasis en la explicación formal y un particular interés en las matemáticas como herramienta necesaria para tal formalización gramatical. 

Llegando a este punto, se puede decir que el aprendizaje del habla humana se caracteriza por un sistema de reglas para formar y transformar las estructuras de las oraciones. Todo esto  basado en la experiencia lingüística y los lineamientos de la Gramática Universal. Estas reglas serán las que transformen unas estructuras en otras: 

- e. profunda → e. superficial; 

- o. activa → o. pasiva;

- o. declarativa → o. interrogativa; etc.


Por último, en esta primera etapa, la PGG incluye trabajos sobre los lenguajes formales y su correspondiente gramática, relacionada a aplicaciones informáticas o computacionales. Los últimos avances sobre inteligencia artificial (Alexa o Google Home) son deudoras de esta programación informática-lingüística ya que sin este lenguaje computacional hubiese sido imposible su desarrollo.

Dentro de la «Forma Normal de Chomsky» o «Jerarquía de Chomsky», los lenguajes formales tienen una clasificación (cuadro 2.2), donde las dos primeras (de tipo 0 y 1) no son funcionales para mostrar la complejidad de los lenguajes naturales. En cambio, las gramáticas de tipo 2 y 3 sí son funcionales para el lenguaje natural.

Conforme a Chomsky (1956) estos son los cuatro tipos de gramáticas:

• Gramática de tipo 0: es aceptada por el Autómata (programa algorítmico) de la «máquina» de Turing, e incluye a todas las gramáticas.

• Gramática de tipo 1: da cuenta de la complejidad de las lenguas naturales y son aceptadas por un Autómata de Lineamiento Acotado

• Gramática de tipo 2: usa el alfabeto, pero suprime el contexto. Es aceptada por un Autómata a Pila.

• Gramática de tipo 3: también suprime el contexto y es aceptada por un Autómata Finito.

Cabe mencionar que la «maquina» de Turing no es una máquina propiamente dicha sino mas bien un programa o modelo matemático. De igual modo, un Autómata es una máquina secuencial que capta señales de su entorno para transformarlas y así poder enviar una contestación. Hay diferentes prototipos de Autómatas; como los Autómatas a Pila, Autómatas Finitos y Autómatas de Lineamiento Acotado.


Todo esto puede verse de forma más clara en el cuadro 2.3:





IV. TEORÍA DE PRINCIPIOS Y PARÁMETROS

La «Teoría de Principios y Parámetros» (TP&P, en lo sucesivo), vendría a ser la segunda gramática generativa. También se le conoce como «Teoría de la Rección y Ligamiento» y se viene desarrollando desde la década de 1980 hasta la actualidad. 

Chomsky (2003a) propone que la Gramática Universal está compuesta por una serie de principios universales, pero bajo ciertos parámetros específicos para cada lengua. Esta universalidad de principios, con sus parámetros concretos, explican la competencia lingüística y el surgimiento de las lenguas y su variaciones (dialectos, etc.). 

Según el lingüista José Brucart (1999), al mecanismo de regulación de la TP&P se le conoce como «Gramática Modular». Todo esto ocurre porque la TP&P reemplaza al sistema de reglas de la PGG por un sistema que regula las estructuras, propiedades y organizaciones específicas. Este nuevo sistema da lugar al conocimiento y uso de la lengua (competencia y actuación lingüística). 


La TP&P [ver cuadro 3° a la izquierda] está organizada de acuerdo a: 

a) Principios lingüísticos (innatos) y 

b) Parámetros

Los a) principios lingüísticos surgen de las restricciones innatas del órgano mental o facultad del lenguaje. Son abstractos y de naturaleza modular y se representan mediante reglas de la Gramática Universal. Son también un conjunto estático y reducido de condiciones de buena formación de oraciones.

A continuación algunos ejemplos de principios:

• Principio de proyección: es eminentemente sintáctica y determinada por el léxico.

• Principio o Teoría de la Rección: regula la correcta jerarquización de las categorías sintácticas.

• Principio de Ligamiento: establece la correferencialidad entre el sintagma nominal y los elementos correferentes.

• Teoría X con barra: en la oración la recursividad deriva de este mecanismo para replicarse.

Cada principio  (Chomsky,  1988b;  Lasnik  y Lohndal,  2010)  tiene una serie de parámetros que son necesarios fijar en las diferentes lenguas. Los parámetros son un grupo de posibilidades que se pueden fijar en una cantidad limitada de formas, dando como resultado las lenguas y sus variedades. Por medio de estos parámetros se observan las limitaciones propias y la diversidad de los lenguajes naturales 

Los b) parámetros (Chomsky,  2003a) son concretos para cada lengua y tienen un papel fundamental en la fijación temprana de los principios en la adquisición del lenguaje. El niño fija los parámetros de la Gramática Universal en base a su experiencia lingüística. De este modo, en la adquisición de los principios se verá reflejado el surgimiento de la lengua vernácula, que es fijada por los parámetros.

Seguidamente algunos ejemplos de parámetros:

• Parámetro de Ordenamiento SVO (sujeto-verbo-objeto): es esencialmente de orden estructural-funcional y semántico.

• Parámetro de Concordancia: son restricciones de rección gramatical aplicable a todas las lenguas.

• Parámetro de Ligamientos de Pronombre: es la relación sintáctica de las unidades léxicas con los sistemas de pensamiento y actuación del individuo.

Según  Birchenall  et al. (2013) a la hora de configurar la Gramática Generativa (sistema de reglas) en la TP&P se observan tres sistemas implicados en la adquisición del lenguaje:

1) Sistema cognitivo lingüístico (Lengua-I)

2) Sistema Conceptual-Intencional (sistema de pensamiento)

3) Sistema Articulatorio-Perceptual (sensorio-motriz)

El 1) sistema cognitivo lingüístico o lengua-I sirve de «puente» entre los otros dos sistemas de actuación (Conceptual-Intencional y Articulatorio-Perceptivo) para que entren en funcionamiento. Además, el sistema cognitivo lingüístico está especializado para el lenguaje y tiene las funciones de almacenamiento y procesamiento de la información. Está conformado por:

- Léxico y 

- Mecanismos computacionales

El léxico (Smith,  2001) está disperso y almacenado en el sistema cognitivo e incluye palabras, expresiones, locuciones, frases hechas, etc.

En los mecanismos computacionales se llevan a cabo los procesamientos que dan lugar a la recursividad.

Por otro lado, los dos sistemas de actuación son en parte independientes de la Facultad del lenguaje.

El b) sistema Conceptual-Intencional forma conceptos; el c) sistema Articulatorio-Perceptual articula y percibe los sonidos lingüísticos y extralingüísticos. 

En las manifestaciones extralingüísticas ocurren las variaciones de las lenguas las que, al mismo tiempo, están condicionadas por factores externos que tienen que ver con la historia y la cultura.

De acuerdo con Chomsky (1999), en esta interacción del sistema cognitivo con los dos sistemas de actuación se forman dos «sistemas de interfaz». Estos se corresponden con cada uno de los sistemas de actuación para interpretar los conceptos y las unidades fonéticas. 

Estas dos interfaces son:

- Interfaz de forma lógica e

- Interfaz de forma fonética

La interfaz de forma  lógica se da en la interacción entre el sistema cognitivo con el sistema Conceptual-Intencional. En esta aparece la representación del marcador semántico (SEM, en adelante). Este marcador posee información  sobre  el  significado  de las cadenas lingüísticas.

En la interfaz de forma fonética (Chomsky, 1998; Skidelsky, 2007) ocurre la interacción del sistema cognitivo con el sistema Articulatorio-Perceptivo. Aquí se da la representación del marcador fonético (FON, en adelante), el cual aglomera información de los sonidos de las expresiones lingüísticas.

El sistema cognitivo, según Chomsky (1999), opera seleccionando unidades  del  lexicón y, por medio de su sistema computacional, construye frases u oraciones. Este  proceso tiene su origen en la fase inicial de la facultad del lenguaje y genera rasgos. Estos rasgos son invariantes, de carácter idiosincrático e impredecibles, y tienen propiedades fonéticas, formales y semánticas.

En estos rasgos concurren dos operaciones: 

- Operaciones de ensamblaje y

- Operaciones computacionales

Las operaciones de ensamblaje (merge, en inglés) parten de los rasgos (propiedades fonéticas, formales y semánticas) y combinan unidades léxicas de manera jerárquica.

Las operaciones computacionales parten desde un número limitado de  unidades  léxicas y construyen expresiones más elaboradas y amplias.

Conforme a Chomsky (1998), el «sistema de creencias», es un conjunto de abstracciones mentales que complementan el Significado-I. Seguidamente, la construcción de cadenas lingüísticas se realizan con pares de representaciones FONSEM; es decir, con la suma de unidades relevantes de Sonido-I (FON) más Significado-I (SEM).

Como se ha podido observar, la  TP&P es mas compleja en su diseño y ha superado a la PGG. De acuerdo a Chomsky (1988b y 1998), entre todas las sustracciones y adiciones acaecidas en la evolución de una a otra, cabe señalar la supresión de los conceptos de «Estructura superficial» y «Estructura profunda». También se prescinde de las reglas especificas de la PGG, porque la TP&P propone que todas las lenguas derivan de la Gramática Universal.



V. PROGRAMA MINIMALISTA

El nombre viene de minimizar, simplificar y optimizar los componentes transformacionales de los dos sistemas anteriores (PGG y PT&T). Al Programa Minimalista (en adelante, PM) también se le conoce como «Teoría minimalista». Se viene desarrollando desde los años noventa del siglo XX hasta la actualidad. 

Su arquitectura interna se basa en la funcionalidad computacional de sus elementos a la hora de construir oraciones. Este mecanismo opera bajo las directrices del «Principio de economía», imprescindible y característico del PM. 

La caracterización del conocimiento gramatical de los hablantes (Chomsky, 2005) se ordena por:  

«1) Genetic endowment, the “universal grammar”; 

2) Experience, the stimulus available to the language learners; 

3) The ‘third factor’, principles not specific to the faculty of language».

Los cuales se pueden reformular de la siguiente forma [ver el cuadro 4°]:

1) Rasgos (propiedades fonéticas, formales y semánticas), 

2) Operaciones (solo de ensamblaje y no las computacionales) y 

3) Principios (no específicos de la facultad del lenguaje)

Como se puede observar, pese a algunas coincidencias del PM con la PT&P, lo más novedoso y relevante es el nuevo enfoque que propone Chomsky (2004a) en el PM. Así, pues, se plantea a una interrogante vital, no solo para el PM, sino para todo su programa biolingüístico: «¿por qué la facultad del lenguaje tiene las propiedades específicas que tiene?».

Para resolver esta pregunta el PM se vale de un componente nuevo llamado el «tercer factor», que viene a incorporarse a las dos previas de la evolución de la facultad del lenguaje: el innatismo y la experiencia o factor ambiental (Chomsky, 2004a, 2004b, 2005, 2007; Berwick y Chomsky, 2011). 

En el tercer factor confluyen principios no específicos de la facultad del lenguaje humano. Está dividido por dos componentes (Chomsky, 2005), que a continuación se detallarán:

a) Principios de arquitectura estructural (desarrollo del lenguaje) y 

b) Principios de eficiencia computacional (en la adquisición del lenguaje).


a) Los principios de arquitectura estructural se relacionan con los sistemas de interfaz de la TP&P; es decir, con los sistemas de actuación Conceptual-Intencional y Articulatorio-Perceptivo. 

Esto se hace patente en la linealidad oral del lenguaje, que sería explicada de forma externa por el sistema Articulatorio-Perceptivo debido a que las unidades lingüísticas tienen que sucederse en el tiempo. 

Las estructuras «Predicado-Argumento», presentes en todas las lenguas del mundo, tendrían una explicación en el sistema Conceptual-Intencional que controla la formulación del pensamiento para planificar las acciones.

b) En los Principios de eficiencia computacional, en tanto en cuanto son extralingüísticos y ajenos al organismo, se limita la presencia de elementos innecesarios en las representaciones sintácticas. A este mecanismo se le conoce como «Principio de Interpretación Plena». 

Otra característica de los Principios de eficiencia computacional (Chomsky, 2000), es la continuidad inmotivada en las derivaciones; es decir, del requerimiento de que los pasos sean lo más breves posibles (principio de economía). Esto se lleva a cabo por medio de operaciones determinadas con restricciones de mirar atrás (backtracking) y adelante (look-ahead) en las derivaciones morfológicas de las palabras.

Dentro del PM, se ha puesto en funcionamiento un sub-programa de investigación (Chomsky, 2004a) llamado «Tesis Minimalista Fuerte» (TMF, en adelante). Este pretende poner a prueba al «tercer factor» con su  explicación de las propiedades de la facultad del lenguaje. La TMF cuestiona la capacidad ilimitada y jerárquica de las expresiones, conocida como recursión, y si forma parte o no de la facultad del lenguaje humano. En este sentido, si la TMF estuviera en lo cierto se llegaría a la conclusión de que la Gramática Universal carece de contenido, debido a que las propiedades del lenguaje tendrían su razón de ser de forma externa. 

Este nuevo enfoque ofrece otra perspectiva acerca de la facultad del lenguaje, el cual le otorga a la facultad del lenguaje un estatus similar a otros sistemas orgánicos. En otras palabras, establece una coordinación entre el desarrollo y evolución de los organismos con el «órgano del lenguaje».

Así, pues, los tres componentes del PM:

- Gramática Universal, 

- estímulos del entorno y 

- las condiciones externas o tercer factor

encajan respectivamente con los tres factores de la evolución de las especies propuestos por el biólogo evolutivo Stephen Gould (2002): 

- información genética

- selección natural y 

- restricciones estructurales (en variedad y forma de las especies).

Para el PM el ensamblaje (merge) se trata de una operación sintáctica mínima (recursión) que está constituida jerárquicamente (Chomsky, 1999). En colaboración con dos biólogos evolutivos, Marc Hauser y Tacumseh Fitch, Chomsky escribe dos artículos (2002 y 2005) sobre la recursión. En ellos, se delimita en dos la facultad del lenguaje:

- «Facultad del lenguaje en sentido amplio» (FLA), la cual es general, totalizadora. Engloba a los sistemas de actuación Conceptual-Intencional (C-I) y Articulatorio-Perceptivo (A-P). Por tanto, contiene todos los componentes del lenguaje indistintamente si son parte de otros dominios cognitivos o específicos de nuestra especie (FLE).

- «Facultad del lenguaje en sentido estricto» (FLE): es específica de los humanos (Gramática Generativa) y, por ende, excluyente de las otras especies. Tiene por componente esencial al mecanismo de recursión, el cual es fundamental para la propiedad de la infinitud discreta. La FLE toma de la FLA los dos sistemas de actuación C-I y A-P para hacer posible el uso de la lengua.

La investigación actual del PM se basa, sobre todo, en hacer un ejercicio comparativo entre el lenguaje humano con otros dominios cognitivos y sistemas comunicativos de otras especies. El fin de esto es establecer qué propiedades del sistema de interfaces (sistema de pensamiento Conceptual-Intencional y sistema de uso Articulatorio-Perceptivo) encajan de manera óptima en la FLE o en la FLA.



VI. EL MECANISMO DE LA RECURSIVIDAD

Desde la primera etapa de su PGG, como puede verse en su Aspectos de la teoría de la sintaxis, para Chomsky (1965) la capacidad creativa de la lengua radica en el mecanismo de la recursividad. Al respecto, antes se tenía la idea de que la capacidad de expresar oraciones estaba separada del lenguaje y que ésta venía dada por factores cognitivos (Saussure, 1916; Skinner, 1938). El estructuralismo y el conductismo ignoraban la recursividad como principio fundamental para entender la creatividad lingüística.

A nivel histórico, la «Teoría de la función recursiva general», o de la computabilidad, es una teoría matemática que surgió a finales de los años treinta del siglo XX, en EEUU. Tuvo como máximos exponentes a los matemáticos Emil Post y Alan Turing. Su funcionamiento se basa en la aplicación continuada de cadenas, a partir de un elemento recursivo, el cual generará a su vez una cantidad ilimitada de cadenas derivadas a partir de aquel elemento inicial. 

Uno de los primeros y novedosos pasos que dio el programa biolingüístico de Chomsky, desde sus inicios, fue el de adaptar el estudio de los mecanismos computacionales de la recursión al campo de la lingüística. 

La recursividad (Hauser, et al., 2002), es un mecanismo mínimo, fundamental y quizás único de la teoría sintáctica. Articula la propiedad de la «infinitud discreta», que es la capacidad humana de generar infinitas oraciones a partir de un número limitado de elementos.

En la recursividad se llevan a cabo un sinnúmero de expresiones lingüísticas bajo una estructura jerárquica de clausulas; todo ello gracias a que se dispone de un número finito de unidades léxicas para su realización. 

Esto se puede ver más claramente en los sencillos ejemplos que pone para graficar el mecanismo de la recursión, el lingüista Carlos Fernández Otero, en su prólogo a los Aspectos de la teoría de la sintaxis (Chomsky, 1965): 

Ejemplo 1. (Ibid. 33)

Axioma inicial: S

Regla 1.   S → W

Regla 2.   W → W + W


Ejemplo 2. (Ibid. 34)

• W (al aplicar la Regla 1 del Ejemplo 1);

• W + W (al aplicar la Regla 2)

• W + W + W (al reaplicar la regla 2 a la línea anterior)

• W + W + W + W  (al reaplicar la regla 2 a la línea anterior)


A continuación, una muestra sencilla, pero esclarecedora, del Ejemplo 2 que se ha diseñado para el presente trabajo:

• María trajo manzanas.

• María trajo manzanas [que compró en el súper].

• María trajo manzanas [que compró en el súper [que está cerca a su casa]].

• María trajo manzanas [que compró en el súper [que está cerca a su casa [que cierra a las 10 p. m.]]].


De acuerdo con el lingüista Guillermo Lorenzo (2013), en estudios más recientes se concibe a la recursión como un procedimiento congénito y computacional (matemático), que facilita la incrustación de unidades léxicas o grupos de unidades léxicas dentro de estructuras oracionales.

Sobre este particular se investigó el canto de los estorninos (Gentner et al., 2006) para probar que la recursión no es exclusiva de los seres humanos sino que la comparte con otras especies. El espacio donde la recursión puede darse o no se denomina «dominio cognitivo» (presente en todas las especies). En el caso de la recursión humana, sus características específicas contribuyeron en gran medida al desarrollo del lenguaje.

Sin embargo, aunque existan algunas similitudes entre la recursión humana y animal, lo que marca la diferencia es la sintaxis (Hauser, et al., 2002). En los humanos se da una composición semántica con pleno significado que permite su recombinación ilimitada, adquiriendo distintos significados. De este modo, los significados de las expresiones son producto de la suma del significado de sus partes. Por el contrario, la sintaxis del canto de algunas aves y ballenas no poseen una composición semántica sino, más bien, se parece más a las unidades fonológicas finitas de la lengua; es decir, donde fonemas sin significado se unen para crear estructuras mayores pero también sin significado, como las sílabas.

Otra perspectiva que compite con la sintáctica, es la de llevar la facultad del lenguaje hacia otros ámbitos de la cognición humana. Esto con idea de abrir el debate en torno a si la recursión no habría surgido exclusivamente por y para el lenguaje sino por otras razones cognitivas. 

A este respecto (Hauser, et al., 2002), plantean otras posibilidades como:

1) la comunicación en sociedad, 

2) las habilidades espaciales y 

3) la cuantificación numérica.

En lo referente a 1) la comunicación en sociedad, en el sistema cognitivo la propiedad de la recursión viene impuesta por el sistema de interfaz Conceptual-Intencional o del pensamiento. En esta línea, para el psicólogo Steven Pinker y el lingüista Ray Jackendoff (2005), la presencia de la recursividad en el lenguaje se debe a que su razón de ser es transmitir pensamientos recursivos.

Discrepando de lo anterior otro psicólogo, Michael Corballis (2011), propone que la aparición del lenguaje no ocurrió estrictamente por el pensamiento lingüístico, sino por los mecanismos recursivos. Corballis argumenta que, antes del lenguaje, ya se usaban los principios recursivos en la capacidad mental para traer hechos del pasado, para imaginarse el futuro y para tener alguna idea de lo que piensan otros individuos.

Otro enfoque importante es el del lingüista Wolfram Hinzen (2006 y 2009), quien señala que la función del lenguaje no es expresar pensamientos, sino tan solo moldearlo y hacerlo comunicativo lingüísticamente; es decir, no puede existir pensamiento fuera del sistema computacional del lenguaje. De esta forma, para Hinzen (2006 y 2009), el nacimiento de la recursión está en el lenguaje y no en el pensamiento.

Por otro lado, sobre 2) las habilidades espaciales, como la visión y la música, Pinker y Jackendoff (2005) fundamentan sus orígenes en la recursión, en la medida en que sus mecanismos forman unidades discretas con estructuras jerárquicas. Asimismo, manifiestan estos dos autores que las operaciones sintácticas dependen de un núcleo y que esto se extrapola a la música, donde se sigue un patrón similar.

Otra razón cognitiva de que la recursividad es ajena al lenguaje es 3) la cuantificación numérica, en la cual se propone que las capacidades aritméticas provendrían de las propiedades recursivas (Chomsky, 2005; 2007; 2008 y 2010). Esto se explicaría a partir de las operaciones de ensamble (merge) sobre el lexicón, así como la unidad que desencadena el sistema de los números naturales.

En otros enfoques de índole estructural acerca de la recursividad es el del lingüista Cedric Boeckx (2009). Propone que en las operaciones de ensamble concurren dos procedimientos. Uno es el que genera estructuras jerárquicas. En el segundo, de naturaleza y capacidad endocéntrica, se generan copias que, al combinarse dos unidades lingüísticas, reproducen propiedades de una de ellas. Esto último definiría lo específico de la recursividad. Sin embargo, Chomsky, en los comentarios adjuntos a esta publicación de Boeckx descarta esta endocentricidad y dice de ella que es, en realidad, un epifenómeno; es decir, un fenómeno secundario que acompaña al principal sin influenciarlo. Según Chomsky (ibídem), este epifenómeno proviene de la eficiencia computacional y reitera que lo que caracteriza a la propiedad de la infinitud discreta es su mecanismo de recursividad lingüística.

Por otra parte, el zoólogo Jacob Dunn y el psicólogo Jeroen Smaers (2018), desde un enfoque maás neurolingüístico, han encontrado que algunas especies de primates podrían llegar a comunicarse lingüísticamente, pero su cerebro no ha realizado las conexiones requeridas, como sí ocurre en el sistema cognitivo de los humanos.

No obstante, a pesar del avance de todas estas investigaciones, hay voces discrepantes que niegan este mecanismo recursivo, como la del lingüista Daniel Everett (2005, 2007, 2010). Señala que, en base a sus estudios de la lengua amazónica pirahã, al no producirse la recursividad lingüística en una lengua la recursividad no es universal en las gramáticas de las lenguas humanas. Esta afirmación, aunque cuenta con indicios empíricos, no ha sido corroborada fehacientemente por la comunidad científica.

Antes de ir poniendo punto final a este trabajo, es importante recalcar que el Programa Biolingüístico puede tener también aplicaciones fuera del ámbito del lenguaje humano. Como se ha visto, el mecanismo de la recursión no es exclusivo del ser humano y, para su estudio en otras especies, se ha de necesitar, además de lingüistas especializados en fonética y fonología, lingüistas que apliquen el sistema de Chomsky. Sobre este particular, llama mucho la atención que en algunos espacios de la investigación se intente «traducir» el lenguaje de otras especies prescindiendo de los lingüistas, tan necesarios para ese fin. Recientemente, en un documental del canal de televisión Deutsche Welle (2021) titulado, «¿Los cetáceos y los humanos hablan el mismo lenguaje?» se intentó descifrar el lenguaje de los cetáceos de la costa oeste de Canadá con la participación de biólogos, informáticos y de inteligencia artificial, dejando de lado a los lingüistas. Quizás la razón de tal indignante despropósito estriba en que se tiende a pensar que la lingüística es una disciplina que se centra únicamente en el lenguaje humano; pero esta percepción está completamente alejada de la realidad. Chomsky ha demostrado que el campo de la lingüística desborda el lenguaje humano y que su sistema es útil para el estudio de otras especies. 



VII. CONCLUSIONES

Tras repasar el Programa Biolingüístico de Chomsky, desde sus comienzos hasta los estudios más recientes, se ha podido apreciar una evolución del mismo, el cual ha implicado necesariamente el trabajo en conjunto y multidisciplinar de otras ramas del conocimiento, como la biología evolutiva, la psicología, la neurología, etc. Sin el apoyo de estas ciencias, no habría sido posible el desarrollo del estudio del Programa Minimalista o el mecanismo de la recursión, entre otros. Gracias a estas últimas investigaciones se ha llegado a conocer, por ejemplo, que las operaciones recursivas serían prelingüísticas y que, al volverse específicas en los humanos, dieron lugar a las operaciones de ensamble. En efecto, por medio del mecanismo de la recursión se generó un subcomponente en las operaciones de ensamble que le dieron la especificidad lingüística necesaria para hacer posible el lenguaje humano. Así, pues, la información genética para el lenguaje, podría ser una operación computacional combinada con otros dominios cognitivos, compartidas con otras especies. El lenguaje humano, por tanto, es un producto de la evolución biológica.

Finalmente, como se pudo observar a lo largo de esta síntesis, la contribución de Chomsky a la ciencia en general ha sido enorme. La retroalimentación o feedback de su sistema con otras ramas científicas como la psicología, la informática, la biología, entre muchas, son prueba de ello. Por ese motivo, sin exagerar, estaría más que justificado que se le otorgue el premio Nobel (en el campo de la medicina por su valioso aporte para entender el lenguaje humano desde la psicobiología) a este lingüista, no solo por todo el conocimiento científico que está aportando a los investigadores en la actualidad, sino también por el inmenso legado que está dejando a las generaciones futuras.


Juan Post

Junio de 2021




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Juan Post

Junio de 2021


jueves, 25 de marzo de 2021

El Perfil del Lagarto: el periodismo de investigación como bestseller

La presencia de los bestsellers publicados durante diversos tipos de gobiernos y épocas es evidente. Ocurrió durante los regímenes fascistas, como el del nazismo, donde el libro autobiográfico de Adolph Hitler, Mein Kampf, fue un éxito en ventas, pese a su nefasto autor. Asimismo, en el otro extremo ideológico, en el régimen comunista de Mao Tse-tung su Libro Rojo fue el más leído en la China comunista durante su revolución cultural. En contraste con los dos anteriores, en los regímenes democráticos, gracias al libre mercado, la oferta de bestsellers es más amplia y el lector no está obligado por el gobierno ni las convenciones sociales a leer determinado libro. En democracia el enemigo principal no es la censura, sino la corrupción en todos los sectores y niveles de una sociedad.

Los bestsellers siempre llegan a un numerosísimo público, aunque no siempre el contenido de lo que se transmite en ellos es realmente valioso para el lector. No obstante, por suerte, los buenos libros también pueden llegar a ser éxitos en ventas. Dicho esto, se puede decir que en la categoría «bestseller», dentro de la industria del libro, hay obras como la del periodista de investigación peruano vinculado a la derecha, Carlos Paredes, en la que se da esa feliz coincidencia: éxito en ventas y calidad de contenido.

A la semana de ser lanzado al reducido mercado de libros peruano ya se habían vendido más de veinte mil ejemplares de El perfil del lagarto (Planeta, 2021), según la propia editorial. Esa cantidad es irrisoria en otros países, pero en el Perú es un éxito de ventas. Quien escribe estas líneas fue uno de esos primeros lectores, movidos por la curiosidad, que tuvo en sus manos -vía delivery en tiempos de pandemia- esta obra de la que todo el mundo habla. Y no era para menos, porque se trataba de un tema de tremenda actualidad en el Perú.

En efecto, prácticamente lo que se cuenta en el libro es el prólogo o la obertura de los procesos judiciales y políticos que estaba afrontando el protagonista de dicha obra: el expresidente Martín Vizcarra, acusado de corrupción. Se puede decir, entonces, que el correlato entre el libro y la persona investigada se estaba dando en tiempo real; y que el desenlace del mismo está intrínsecamente relacionado a la suerte del protagonista en la realidad palpable. Posteriormente Vizcarra será vacado (removido) de su cargo de presidente por el Congreso del Perú, segun un proceso llamado Incapacidad Moral Permanente, contemplado en el artículo 117 de la Constitución.

El autor de este libro ha trabajado en varios medios de comunicación escrito y televisivo y también asesor político. Además, ha publicado otras investigaciones sobre personajes de relevancia política en el Perú, como Abimael Guzmán, jefe del grupo terrorista Sendero Luminoso, en La Hora Final (Planeta, 2020), entre otras obras. Es así que, con todo ese bagaje a modo de reportaje periodístico, la investigación de Paredes en El Perfil del Lagarto, es un despliegue inmenso e intenso de un periodista experimentado. Su labor se basa sobre todo en contar su versión de los hechos con las evidencias que ha recabado: «Radiografía de un político con sangre fría», reza el subtítulo en la portada. De esto no cabe duda, porque este libro ausculta el interior del protagonista y muestra al lector su modus operandi como actor político. A su vez es de destacar que en esta obra el autor ofrece una infinidad de datos y la lectura de la misma se hace verdaderamente fluida y «adictiva», en el buen sentido de la palabra, ya que incita a saber más del protagonista y de los demás personajes principales y secundarios. 

Por otro lado, el lector puede apreciar en esta obra la pericia de un verdadero periodista al observar en el libro los tres principios básicos del periodismo. A saber: la investigación, las relaciones con las fuentes y los resultados, según el reconocido profesor del INSEAD Social Innovation Centre, de Francia, Mark Lee Hunter, en su manual para periodistas La investigación a partir de historias (2013: 9).  Y en cuanto a la postlectura de El Perfil del Lagarto es de justicia decir que fue bastante positiva y productiva, debido a que se obtiene un mejor conocimiento del enmarañado sistema de corrupción que existe en el Perú y,  por extensión, podríamos decir también que en toda Latinoamérica.

Históricamente, el reportaje o la investigación periodística tuvo antecedentes en los muckrackers de finales del siglo XIX e inicios del XX en EEUU. Éstos eran periodistas y escritores que denunciaban la corrupción reinante en la nueva potencia económica que atraía a millones de inmigrantes europeos a sus costas, en busca de una mejor vida. Asimismo, se denunciaba la corrupción de los magnates estadounidenses. Esta práctica periodística tuvo éxito hasta la década de los años veinte cuando empieza a decaer. ¿La razón de ello? Quizás cambiaron las modas y en la prosperidad económica de los Golden twenties en Occidente, el interés del público derivó hacia otras cosas. 

No fue hasta la década de los setenta con el escándalo de Watergate cuando el periodismo de investigación se consolida como género periodístico. Sus autores, Bob Woodward y Carl Bernstein, del periódico The Washington Post, publican su investigación el 17 de junio de 1972 causando conmoción en la sociedad de EEUU, por los actos de corrupción ocurridos en el gobierno del presidente Richard Nixon. Al año siguiente, obtienen el premio Pulitzer por ese trabajo. Posteriormente, publican su investigación en formato libro bajo el título All the president's men (Simon & Schuster, 1974), el cual vendió millones de ejemplares alrededor del mundo. Incluso se llevó este bestseller al cine con gran éxito en 1976.

En referencia al contexto, en EEUU y Europa (excepto España, Portugal y Grecia donde hubo dictaduras militares hasta la década de los setenta del siglo XX) la democracia era y es la forma imperante de gobierno. Sin embargo, no fue así en América Latina, donde de manera intermitente imperaban las dictaduras militares con breves o inconclusas etapas democráticas. Este no es un detalle menor porque afectó al escenario en el que se desenvuelve un periodista, debido a que no puede realizar su trabajo con libertad (no confundir libertad de expresión con libertinaje de expresión). Más aún si existen graves violaciones a los DDHH y la sociedad vive en constante tensión y amedrentamiento, por parte de los militares de turno que lo controlan absolutamente todo.

A pesar de este difícil panorama para el periodismo en Latinoamérica, desde los años ochenta los países de habla hispana en el continente americano han ido recuperando la democracia como forma de gobierno. Así, pues, en cada país, con sus diversos matices, el periodismo de investigación se ha volcado en revelar la corrupción. Y gracias a su labor, los ciudadanos están mejor informados, siendo estos los pilares de la verdadera democracia: el libre acceso a la información y el derecho del ciudadano a saber cómo gobiernan sus gobernantes.




Bibliografía

Lee Hunter, Mark (2013): La investigación a partir de historias. París: Ediciones UNESCO.

Paredes, Carlos (2020): La hora final. Lima: Planeta.

Paredes, Carlos (2021): El perfil del lagarto. Lima: Planeta.

Woodward, Bob; Bernstein, Carl (1974): All the president's men. New York: Simon & Schuster.



Juan Post

Marzo de 2021


viernes, 3 de julio de 2020

Texto, contexto y figuras de la narración en la novela del Coronavirus desde las hipótesis de la zoonosis y la manipulación genética (Primera parte)

RESUMEN

La pandemia del Coronavirus como muchos otros sucesos impactantes en la historia de la humanidad por los efectos sanitarios, en la economía y en otros aspectos, marcará un antes y un después en la producción novelística y literaria. La velocidad de los hechos y lo cambiante de las circunstancias provocadas por la pandemia está produciendo nuevas configuraciones en todas las facetas de la vida diaria de las personas y del mundo. En este trabajo en su primera parte se hará una aproximación al texto, al contexto y se irán presentando las figuras de la narración para las dos hipótesis del origen de la pandemia. La segunda parte tratará la forma cómo los novelistas pueden encarar la construcción de la novela del Coronavirus mediante dichas figuras como herramienta literaria. Ambas forman una unidad indisoluble debido a que, de una u otra manera, los componentes que las conforman están interconectados.

PALABRAS CLAVE: Novela, pandemia, Coronavirus, cine, texto, contexto, teoría de la literatura.


«Nuestros conciudadanos eran, al menos en 
este aspecto, como todo el mundo: pensaban
únicamente en ellos mismos. Eran parte de la 
humanidad, no creían en las pestes. Como las 
pestes no están hechas a la medida del hombre,
el hombre se dice que son irreales, que son
malos sueños que tienen que pasar. Pero no 
siempre pasan, y de mal sueño en mal sueño 
son los hombres los que pasan y los 
humanistas[1] en primer lugar, por no 
haber tomado precauciones».      

Albert Camus (1947: 40), en La peste.

  «El inglés le contó lo esencial de todas estas cosas.
-Haría bien usted en marcharse -concluyó- y mejor 
hoy que mañana. La cuarentena tardará a lo sumo 
                                                        unos días en ser declarada.
  -Muchísimas gracias- dijo Aschenbach y abandonó 
                                la agencia».

Thomas Mann (2006: 108), en La muerte en 
                                        Venecia



EL TEXTO REVESTIDO DE CONTEXTO Y CAPAS NARRATOLÓGICAS

Hablar acerca de La novela del Coronavirus o, como lo llaman los científicos, SARS-CoV-2 o Covid-19[2] a día de hoy, viernes tres de julio de dos mil veinte[3], en apariencia puede parecer prematuro, pues en algunos países están en plena pandemia, unos durante un rebrote, varios en las fases finales de su primera oleada y, en otros, en una posible segunda ola. Sin embargo, no creemos que el texto de dicha novela tarde mucho en escribirse y publicarse, si es que alguien no lo ha hecho ya, puesto que es un tema de interés global. Se prevé también una avalancha de publicaciones de ensayos y monográficos divulgativos sobre la pandemia (Llorente, 2020), una vez pasado el shock postraumático de la misma.

Ahora bien, la novela y cualquier otro tipo de texto no literario son objetos textuales (manuscritos con estructura lingüística y un índice), en tanto en cuanto tienen forma de libro. Asimismo, son objetos materiales si presentan tapa, páginas, encuadernación y es apto para conservarse en un estante, según el filósofo Gino Roncaglia (2012: 49). Además agrega Roncaglia (p. 49), que cuando aparecen características particulares como el número ISBN el libro ya no es ni objeto textual ni material, sino que pasa a ser un objeto social ya que adquiere un reconocimiento o «estatus» (p. 49). No obstante, el libro sigue presentando ambigüedades de clasificación porque:

La polisemia del término «libro» […] no es accidental: es precisamente a esta connotación compleja que conduce a nuestra idea de libro como médium cultural, algo que es en conjunto objeto material, objeto textual y producto comercial [pues] producto comercial puede ser el objeto material como el objeto textual (2015: 50).

Por otra parte, adentrándonos en la función comunicativa del texto, el lingüística Román Jacobson (1984: 352-353), por medio de su famoso esquema (de 4 factores y 6 funciones muchas veces relacionadas), sugiere que éste es aplicable a toda situación lingüística, sea real o ficticia. En este sentido, un texto per se no literario, tiene su punto de partida desde sus dos pilares fundamentales: la coherencia y cohesión. Y para las lingüistas Helena Calsamiglia y Amparo Tusón (1999: 221) ambos son «conceptos relacionados por inclusión de uno en otro». En esta nueva conceptualización se refieren:

al significado del texto en su totalidad, abarcando tanto las relaciones de las palabras con el contexto como las relaciones entre las palabras en el interior del mismo texto. Alude a la estabilidad y a la consistencia temática subyacente, asociada a la macroestructura (contenido), a la superestructura (esquemas de organización) del texto, a su anclaje enunciativo (protagonistas, tiempo y espacio) y a las inferencias que activan los hablantes para interpretarlo a partir de conocimientos previos (1999: 222).

En cuanto a texto literario, el hermeneuta Hans Gadamer (2009: 339-343) lo diferencia de la mera escritura comunicativa y habla de una «sonoridad y melodía» (mental) más allá del discurso de las palabras y que éstas son importantes para el contenido del texto literario. En esta misma línea el teórico literario checo Lubomír Dolezel  (en Benet, 1994: 8) abunda en la misma temática y señala que, «desde el punto de vista del lector, el texto ficcional puede ser caracterizado como un sistema de instrucciones con respecto al cual es recuperado y recompuesto el mundo ficcional». En otras palabras, el lector en el proceso de lectura va reconstruyendo la ficción y esto le afecta más allá de la ficcionalidad hasta incluso a un nivel de experiencia. Asimismo, Dolezel (1974: 4) propuso la siguiente fórmula para el texto narrativo:

T = DN + Dp

Observamos la equivalencia del texto literario (T) con la suma del discurso (diégesis) del narrador (DN) más el del o de los personajes (Dp). A propósito de ello, el texto literario, como objeto mimético, se ha debatido entre la concepción aristotélica de mímesis como «representación creativa de la realidad» y la concepción mimética platónica de «copia de la realidad», como señala Dolezel (1999: 45) en su magistral Estudios de poética y teoría de la ficción.

Sobre la ficción, que es un componente primordial del texto literario, Dolezel (1999: 98) habla de la construcción de mundos ficcionales a través del texto manifiesto (que informa o comunica) y de «constituyentes semánticos implicitos». Al mismo tiempo menciona que los mundos ficcionales son incompletos en esencia, y que esta condición los podría diferenciar del mundo real. Estos «huecos» son partes vitales de su estructura: «el mundo ficcional se circunscribe tanto por sus espacios vacíos como por sus áreas pobladas» (Dolezel, 1998: 99).

Hasta aquí hablaremos del texto informativo y del texto literario. Por lo tanto no abundaremos más en ello salvo algunas precisiones puntuales a lo largo de este artículo. Más adelante se ahondará en otras cuestiones filológicas que están relacionadas con el texto literario.

Continuando con el discurso en sí, bien sea del narrador o del personaje, o de ambos; al discurso lo podemos ver como una composición de capas narratológicas que van revistiendo al texto y mediante este proceso éste va adquiriendo forma literaria. Estás capas son: el relato, los personajes, el narrador, el narratario[4]  y las cuatro figuras de la narración, las cuales analizaremos en la segunda parte. En este punto acudiremos a quién las propuso: el narratólogo Gerard Genette en su Figuras III (1989), que además llevando a cabo un ejercicio gnoseológico, las categorizó. En síntesis, estas cuatro figuras de acuerdo al orden en que van apareciendo en el libro son: tiempo, modo, focalización y voz (1989: 89-315). Esta nomenclatura de Genette será la que regirá en la segunda parte superponiéndose a otra nomenclatura, la de otro narratólogo: Paul Ricoeur, aunque ésta nos servirá de guía para iniciarnos en los entresijos del discurso narrativo en esta primera parte.

El hecho de vivir en la realidad nos hace (o nos debería hacer) operativos dentro un contexto. De la misma manera, las novelas y cualquier otro objeto artístico precisan de un contexto para ser entendidos. Por consiguiente por medio del contexto somos capaces de tener una visión más amplia de los sucesos que ocurren. En este caso, mediante el contexto podemos entender la magnitud del cataclismo a nivel planetario provocado por la pandemia del Coronavirus.

Los acontecimientos traumáticos (Manzanero; Recio 2012: 20) como la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Civil Española -de los que hay abundantísima producción literaria-, por mencionar solo dos grandes sucesos históricos han motivado a legiones de escritores y escritoras a escribir sobre ello. Y, en términos económicos a nivel coste-beneficio, una novela de estas características, que posteriormente se convierta en best seller,  y luego se haga de ella una adaptación cinematográfica, podría generar una rentabilidad espectacular.

Las relaciones entre cine y literatura las podemos estudiar desde varios enfoques, pero aquí lo haremos partiendo de un método comparativo. Entendemos que el lector ideal de novelas es, a saber, alguien a quien un texto mueve su conciencia hacia un ejercicio de imaginación favorable a nivel neuronal (Sánchez 2017) y que se diferencia de un espectador de cine ya que este último tiene suspendida su incredulidad ante la ilusión de la gran pantalla (Ellsworth, 2005: 88). Como constatamos, la línea que separa literatura y técnica cinematográfica es considerable. No obstante, lo que pretendemos no es emitir un simplista juicio axiológico entre una y otra, ya que ambas poseen un valor innegable, aunque de distinta índole. Lo que queremos hacer notar es que, a pesar de las diferencias, las conexiones entre ambas funcionan perfectamente. Prueba de ello es que no hay género literario que no haya sido adaptado a película. Es más, muchas veces nos enteramos de la existencia de obras literarias por medio de la emisión de un filme. Sería el caso de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968); novela del escritor estadounidense Philip K. Dick, la cual fue tomada después para la creación del texto del guion y posterior película dirigida por Ridley Scott: la afamada Blade Runner, estrenada en 1982. Scott, como vemos, además de cambiar el título original de la novela, hizo una serie de modificaciones para su adaptación en el cine (Pozo Fajarnés 2016: 10).

Sabemos que hoy en día es innegable el predominio de lo audiovisual con Internet[5]  a la cabeza y sus innumerables dispositivos que comparten interfaz, así como la televisión, la publicidad, etc. Y, aún con todo, esto no ha ido en detrimento de la relación del cine con la literatura. Por el contrario, muchas novelas se siguen llevando a la industria cinematográfica para su adaptación. Daría la impresión entonces de que algunos y algunas novelistas escriben con las manos en el teclado del ordenador, computadora, con bolígrafo y papel o quizás a dictado (como el Borges ciego), y con la mente puesta en la gran pantalla. Así ha venido siendo el devenir de la novela, en su simbiótica relación con el cine desde inicios del siglo XX, casi al mismo tiempo que el nacimiento de la técnica cinematográfica. Recordemos que uno de sus pioneros, el francés Georges Méliès, se basó en dos novelas de ciencia-ficción de JulioVerne: De la tierra a la luna y Alrededor de la luna, para crear su exitoso filme Viaje a la luna, de 1902 (González Dueñas 2001: 304). También el cuento o relato corto ha sido presa del cine, con Los Pájaros (1963), película de gran repercusión dirigida por Alfred Hitchcock, basada en el cuento homónimo de la escritora londinense Daphne du Mourier, por mencionar otro caso aclamado por el público. Tampoco la poesía se ha mantenido incólume o ajena al cine. Ejemplos como Troya, estrenada en 2004, basada en el poema homérico La Ilíada, dan cuenta de que la poesía también ha sido absorbida por la industria cinematográfica. A todo esto, si hacemos un sumario general en este gran escenario de adaptaciones, concluiremos que es incuestionable que la novela ha inspirado al cine por sobre los demás géneros, acaso porque ésta «utiliza todos los otros géneros para sus fines y los integra dentro de una  síntesis superior», como afirma el escritor peruano Mario Vargas Llosa (1991: 341).

Volviendo al contexto, el cine y la novela son medios por los cuales se transmite una historia y conectada a esa historia hay un contexto que, de manera ontológica, aglomera en su seno una serie de aspectos de la realidad como el económico, sociológico, histórico, político, artístico, tecnológico, etc. Al hablar de contexto hemos de decir que, dentro de un plano genérico, la realidad de nuestro presente en marcha nos muestra un hecho incuestionable: que vivimos inmersos en el sistema capitalista, que es el sistema dominante, y son cada vez más estrechas las interconexiones en el planeta, a causa de «las configuraciones y movimientos de la globalización» (Ianni 1996: 3). Los EEUU de Norteamérica, tras la caída de la ex Unión Soviética, se ha erigido como la primera potencia, pero el surgimiento de China como competidor económico por la hegemonía (Anguiano 2008: 106), está cambiando el mapamundi geopolítico. Ante este complejo panorama la tensión entre países o bloques de países siempre está latente, y por esa razón para el filósofo Luis Carlos Martín (2019: 2), la paz en el mundo:

se impone. No cabe el equilibrio estático, y mucho menos dinámico entre los Estados. Todo lo contrario, su relación es dialéctica e implica el conflicto permanente. Si es posible algún equilibrio, siempre inestable y amenazado por todos lados es porque hay un poder militar capaz de mantenerlo. Y cuando se rompe y estalla la guerra, la paz es la del vencedor, como siempre ha sido.


Estas tensiones en el contexto en el que vivimos no son ajenas a la perspectiva de la ideología política y filosófica de quién haga una observación al respecto. Si comenzamos por la ideología política, veremos que comúnmente cuando se habla de política se suele acudir a la recurrente oposición izquierda-derecha. Se tiende también a hacer uniones formando palabras compuestas como «centroderecha», «centroizquierda» o «socialdemócrata», uniendo doctrinas con ideas filosóficas (socialismo y democracia). A propósito de ello, el lingüista Teun Van Dijk (2003: 25) indica que «la interpretación de los valores de una manera específica, en función del grupo y sus intereses, establece los pilares de las creencias ideológicas». En otras palabras, hay varios factores profundamente arraigados que determinan el carácter de la ideología política de una o de un grupo de personas. En cuanto a ideología filosófica, así como vivimos inmersos en un sistema capitalista, lo mismo ocurre con la ideología filosófica de la posmodernidad[6].  Este término ya se venía usando en la década de los años treinta del siglo XX, y no es hasta la década de los setenta en que termina consolidándose y trascendiendo en todos los niveles educativos, culturales e intelectuales, de acuerdo al teórico social David Harvey (en Efland, Freedman, Stuhr, 2003: 30).

En la posguerra el escritor Albert Camus se desmarca tanto del capitalismo como del marxismo en busca de una igualdad social. Lo hace patente en sus crónicas Actuales (1944-1953) y, sobre todo, en su tratado filosófico El hombre rebelde (1951), donde hace una fuerte crítica al marxismo. Esto le crea enemigos, como el existencialista Jean Paul Sartre, el cual lo satiriza, como afirma la filósofa Anabelle Quesada (1990: 132). Camus critica el cientificismo del sistema de Carlos Marx, pues para él caía en los mismos excesos que la religión, a saber, mesianismo burgués y alienante y, lo más grave, promueve «la lucha sangrienta contra toda forma de rebelión» (p. 132). Así, pues, si bien el cientificismo marxista fue criticado por Camus. Por otra parte el prestigio de las ciencias o de lo científico hoy en día es omnipresente y ha derivado en un fundamentalismo científico que, en palabras del filósofo Gustavo Bueno (1995: 105): «nunca ha desaparecido del todo. De hecho resurge en los últimos años del siglo que acaba, pero este resurgimiento solo podemos entenderlo como efecto del influjo de muy confusas ambiciones metafísicas».

Como hemos venido viendo, el contexto puede abarcar un amplio espectro de espacio y tiempo. Sin embargo, también se puede hablar de contextos, en plural, para entender una situación en líneas generales, como hacía el escritor Alejo Carpentier, al analizar los contextos latinoamericanos, y así llegar a comprender la realidad de Latinoamérica (Ariza 1986: 161). Es decir, el contexto no es un suceso histórico inamovible, sino, más bien, es una serie de acontecimientos que van ocurriendo escalonadamente, uno tras otro y produciendo nexos entre ellos. Evidentemente, dentro de un contexto los sucesos catastróficos son muchas veces inesperados[7]. Ocurrió para los japoneses con las bombas atómicas lanzadas en Nagasaki e Hiroshima, y para los polacos el primero de septiembre de 1939, cuando los nazis empezaron la invasión a Polonia. Pero ni los japoneses ni los polacos esperaban tales catástrofes. De la misma manera, hasta donde sabemos, a la pandemia del Coronavirus nadie la esperaba. También queremos hacer hincapié en la etapa posterior a las catástrofes o poscatástrofes haciendo uso del prefijo latino post, con o sin te final, que señala posterioridad. Para nuestro contexto tomaremos otra palabra derivada como pospandemia para hacer visible este nuevo panorama posterior o incluido al contexto del Coronavirus. Y en este nuevo escenario ha surgido un sintagma adjetival que resume esta etapa de pospandemia: la nueva normalidad, que no es otra cosa que una serie de normas que rigen para los ciudadanos con el fin de evitar la propagación del virus (Blanco, 2020).

Vemos entonces que de un contexto inicial surgen otros contextos o subcontextos. El contexto puede ir más allá hasta incluso determinar el estilo del autor o autora. Los historiadores del XIX hablaban de cambios históricos que venían ocurriendo en lo que es hoy Italia en el siglo XIV, y que motivaron a aquellos italianos a configurar, mediante sus obras artísticas, lo que conocemos por Renacimiento (Colomer, 1997: 7). Asimismo, en una escala menor, el contexto puede hacer que un editor proponga y titule la novela de un escritor con el que trabaja. Es el caso de la novela La ciudad y los perros (1963), a la cual le fue dado ese título por Carlos Barral, editor barcelonés de Vargas Llosa, según el crítico literario Juan Manuel Oviedo (2007: 54) debido al contexto de las dictaduras latinoamericanas y el boom literario. Por medio de este hecho entre Barral y Vargas Llosa, aunque parezca anecdótico, observamos una interacción entre personas, que en sociología se denomina acción social. Está denominación fue propuesta por el sociólogo Max Weber (1969: 20) como el dato central y constitutivo de la sociología.

En otras disciplinas como la Pragmática también se estudia el contexto, aunque desde los presupuestos del enunciado. Empero, a nivel narratológico, en un sentido amplio, mediante el espacio y tiempo para el teórico literario ruso Mijaíl Batjin (2002: 371), somos capaces de percibir la cosmovisión humana, y gracias a ella podemos estudiar narratológicamente las obras literarias. A su vez, estos mismos dos elementos fueron teorizados por él de forma conjunta, como una unidad y le dio por nombre cronotopo, el cual define de esta manera:

En el cronotopo artístico literario tiene lugar la unión de los elementos espaciales y temporales en un todo inteligible y concreto. El tiempo se condensa aquí, se comprime, se convierte en visible desde el punto de vista artístico; y el espacio, a su vez, se intensifica, penetra en el movimiento del tiempo, del argumento, de la historia. Los elementos del tiempo se revelan en el espacio, y el espacio es entendido y medido a través del tiempo. La intersección de series y uniones de esos elementos constituye la característica del cronotopo artístico (Batjn, 1991: 237-238).


Ya desde los tiempos de su Poética, Aristóteles (s.f./1974: 1450a8) hacía la distinción entre el qué (historia) se relata y el cómo (modo) se relata. En este artículo, estamos viendo que el qué se relaciona con el contexto. Por el contrario, el cómo tiene que ver más con el discurso narrativo y se verá en detalle en la segunda parte, aunque desde ya podemos ir adelantando algunas pautas: se centrará en las cuatro figuras de la narración, propuestas por el narratólogo francés Gerard Genette. En este sentido, el narrador tiene un papel fundamental puesto que, «todas las funciones y relaciones que generan sentido en una novela tienen su centro en la figura del narrador», de acuerdo a la teórica de la literatura Carmen Bobes (1998: 197). Por otro lado, en la novela podemos identificar, a grandes rasgos, dos discursos narrativos: el historiográfico y el ficcional, según la nomenclatura del narratólogo Paul Ricoeur (2006: 637). El diario de Ana Frank (1947), podría encontrarse dentro del discurso narrativo historiográfico debido a su modo testimonial[8], pues es el relato directo, sin intermediarios (narrador omnisciente u otro personaje secundario) de su protagonista. Esta obra no trata específicamente de la Segunda Guerra Mundial, sino que ese es su contexto histórico-social. La jovencísima narradora-personaje, mediante su discurso narrativo, reviste el texto con su contexto personal a través de los hechos concretos que va relatando en su diario. Otra muestra, en este caso de discurso narrativo ficcional o realista[9], podría ser El Quijote (1605-1615) que tiene como contexto la crisis de la institución[10] de los hidalgos. En la España de inicios del siglo XVII su actividad luchadora y, por ende, de prestigio, era ya solo una reminiscencia del pasado (Maravall 1979: 16). Miguel de Cervantes creó la arquetípica figura ficcional-realista de don Quijote y, entre sus muchas características, bastante estudiadas por los cervantistas, destacan sus innumerables peripecias. A esto último, el crítico literario Carlos García Gual (1972: 120) ha remarcado que «la vida se ha convertido en pura peripecia», a propósito de la diferenciación entre épica y novela moderna, por la pérdida de la heroicidad del héroe en particular y de la vida en general.

Independientemente de si una novela es historiográfica-testimonial o ficcional-realista, siguiendo con la nomenclatura de Ricoeur, ambas aspiran a la verosimilitud. El orador latino Cicerón, en su manual de retórica llamado De Inventione (en Pozuelo, 1986: 24), concluyó que «verosímil será la narración si en ella aparecen cosas que suelen aparecer en la realidad». Sobre este mismo asunto Gustavo Bueno (1989: 91-92) pone de manifiesto la oposición entre narración verosímil e inverosímil, según qué tipos géneros literarios, y precisa que la irrealidad de la novela es puramente formal o estructural debido a que:

Una narración inverosímil podrá llamarse leyenda, alegoría, epopeya, cuento; pero nunca novela […]. Es cierto que semánticamente, casi resulta una paradoja postular la verosimilitud como atributo de la novela, porque estamos acostumbrados a aplicar a las quimeras y sueños juveniles, por ejemplo, el adjetivo de novelesco. Novelesco equivale entonces a irreal. Y ciertamente lo es, sin que por ello, empero, deba a la vez ser inverosímil. Lo novelesco es irreal en cuanto que es esquemático y abstracto, pero en parecido sentido a como lo es la circunferencia o la línea recta para el geómetra, que aunque nunca se verifican omnímodamente, se refieren a la realidad y presiden nuestro conocimiento de ella.

Este recorrido, que consideramos crucial, a través de algunos temas que orbitan alrededor de la novela como el texto, el cine, la pandemia, la geopolítica, la ideología política, el posmodernismo, el marxismo, el fundamentalismo científico, el contexto, los discursos narratológicos, el cronotopo y la verosimilitud han sido presentados a manera de materia inicial. Ahora es pertinente la presentación total de las dos hipótesis que completarán la estructura de este trabajo dividido en dos partes. Estas hipótesis, como todas, estarán sujetas a comprobación o refutación. Acudimos a este procedimiento siguiendo al filósofo Darío Antiseri (2001: 129) quien propuso que el proceso hipotético-deductivo es un método válido de investigación tanto para las humanidades como para las ciencias.

Ahora hemos de presentar de forma parcial nuestras dos hipótesis, en relación con la novela de la pandemia del Coronavirus. Conjuntamente, es menester definir qué es una zoonosis como causa de la pandemia. Somos concientes de que al adentrarnos en conceptos de la medicina, podríamos incurrir en factores extraliterarios. No obstante, como hemos visto desde el inicio, este artículo presenta innegables conexiones multidisciplinares entre ciencia y literatura. Este tipo de conexiones ya fueron tratadas con anterioridad, pero desde otra perspectiva, por el crítico literario Tzvetan Tódorov (2004: 177), quien afirmó que «la literatura forma parte del objeto de cualquier otra ciencia del hombre». Por estas razones, pensamos que todo lo aquí expuesto, pese a su variedad heterogénea, contribuye al objetivo que nos hemos trazado, que no es otro que introducirnos en el texto y el contexto para abordar las cuatro figuras de la narración, desde las dos hipótesis que habrían dado origen al Coronavirus.

Respecto a la definición de zoonosis, nos resultaron esclarecedoras las palabras de la periodista científica de National Geographic, Lori Cuthbert (2020), sobre la transmisión de la enfermedad de animal a humano. Seleccionamos su definición, por encima de otros especialistas, porque, a la vez que define, narra el proceso de forma actualizada. No obstante, para una mejor comprensión, hemos sustituido «miles» y «decenas» por «millones» y «centenas», respectivamente, debido a la velocidad de las trágicas muertes a nivel global en tan corto tiempo:

La teoría principal sobre el origen de la nueva pandemia de Coronavirus es que dio el salto a los humanos en un mercado de animales salvajes de Wuhan, China, a fines de 2019. No se sabe con precisión cómo se trasladó el virus de su hospedador original al mercado y a los humanos, a miunque parece que la mirada está puesta en los pangolines. Sin embargo, debido a que los humanos no tienen inmunidad al virus, el patógeno ha transmitido la enfermedad a [millones] de personas y ha causado [centenas] de miles de muertes en todo el mundo en lo que es la pandemia más importante desde hace más de un siglo.

La segunda hipótesis se basa en la teoría (o pseudoteoría para algunos) de la creación y manipulación genética del Coronavirus en unos laboratorios altamente especializados. Esta se sustenta en la perversa creación del virus para tener la exclusividad de la comercialización de la vacuna y, de paso, desestabilizar al mundo en beneficio propio. Por ser menos popular y menos aceptada, dentro de la comunidad científica y del público en general, esta hipótesis mantiene una ubicación marginal dentro de las investigaciones científicas sobre el Coronavirus. A pesar de ello, no por esa razón pensamos que debe ser excluida de una formulación de hipótesis, porque aunque no goce de demasiada credibilidad en la prensa, sí está ganando espacio, aceleradamente, en el campo acientífico de las teorías de la conspiración que cuenta con una masiva audiencia.

Por último, es importante recalcar que éstas hipótesis stricto sensu; es decir, en una interpretación no-literaria, son de conocimiento público y no son nada extravagantes para la inmensa mayoría, excepto, quizás, la segunda hipótesis aunque en menor medida. A modo de «proyección hacia el futuro», como propone la psicóloga Celia Antonioni (2017), uno de los propósitos de éstas es precisamente proyectarnos hacia el tipo de narrador y discurso en las propuestas que corresponden a cada hipótesis. Coincidimos así con la esencia de la hipótesis por antonomasia: pronosticar algún hecho desconocido o por conocer. El psicólogo Stefano Cacciamani (2014: 23-24) señala que la formulación de una hipótesis requiere:

que el sujeto movilice y reorganice el conocimiento que tiene a su disposición para brindar un intento de explicación. La necesidad de someter dicha explicación a un análisis crítico implica un proceso creativo de derivación de una serie de consecuencias observables de aquella, o bien su operacionalización.

Cabe recordar también que en ningún caso pretendemos ir más allá de lo meramente narratológico o filológico. Para ello ya existen otras ramas del conocimiento que se encargan de la temáticas sanitarias y políticas.

En la primera hipótesis junto a los términos narratológicos expuestos se podrán ver entre paréntesis en una palabra, frase u oración, sus definiciones. En la segunda por razones obvias, no será necesario usar paréntesis. Están dispuestas de esa forma debido a las limitaciones de espacio de este trabajo. Se recomienda una lectura pausada de cada hipótesis para un mejor entendimiento. La extensión propuesta de cada una es la mínima que se puede ofrecer dada la complejidad de las figuras de la narración de Genette. Así, pues, las dos hipótesis para estas novelas en el contexto del Coronavirus que proponemos son las siguientes:

a) La novela del Coronavirus en base a la hipótesis de la zoonosis se ajusta mejor a un relato de focalización cero (omnisciente), con enunciación (voz) heterodiegética, emitiendo un discurso indirecto libre; en el orden temporal presenta espontáneamente analepsis (anacronía hacia el pasado) y prolepsis (anacronía hacia el futuro) de un alcance y amplitud variable-leve; en la duración temporal se hacen patentes las cuatro formas del movimiento narrativo: elipsis, pausa descriptiva, anisocronía en frases que resumen así como escenas de realidad y dialogadas; y, para terminar, en la frecuencia de los hechos y en los enunciados, hay poca incidencia en el relato singulativo (contar una vez lo que ocurrió una vez), mayor incidencia en el relato anafórico (se cuenta n veces lo que ocurrió n veces), también hay gran incidencia en el relato repetitivo (en el que se cuenta n veces lo que ocurrió una vez) y poca incidencia en la silepsis (se cuenta una vez lo que ocurrió n veces).

b) La novela del Coronavirus en base a la hipótesis de la manipulación genética, se ajusta mejor a un relato de focalización interna, con enunciación homodiegética, emitiendo un discurso directo; en el orden temporal presenta recurrentemente analepsis y prolepsis de un alcance y amplitud variable-intenso; en la duración temporal se hacen evidentes las elipsis, pausas descriptivas, anisocronías y escenas tanto de realidad como dialogadas; y, por último, en la frecuencia de hechos y enunciados, hay mucha incidencia en el relato singulativo, relativa incidencia en el relato anafórico, escasa incidencia en el relato repetitivo y mucha incidencia en la silepsis.

Antes de terminar es importante enfatizar que éstas hipótesis no entran en contradicción una con otra, aunque en apariencia den esa impresión. Si bien tienen algunos puntos en común, como el hecho de tratar ambas de la misma pandemia, no se conectan sino, más bien, se desarrollan autónomamente como lo veremos en la segunda parte. Es decir, a cada hipótesis le corresponderá un discurso narratológico diferente, según la nomenclatura de Genette y sus cuatro figuras de la narración en su Figuras III (1989). Asimismo, hemos de aclarar que la selección de una determinada tipología narratológica para determinada hipótesis no es arbitraria, ya que como sabemos, las fases hipotéticas distan mucho de ser un teorema. Por el contrario: sabemos que el abanico de posibilidades combinatorias es amplísimo, por lo que dejamos abierta e instamos a la comunidad investigadora a seguir ampliando dichas combinaciones como mejor estimen conveniente. En este artículo el análisis narratológico para cada hipótesis que hemos propuesto ha sido a nuestro entender el más coherente.

Esta primera parte tuvo un carácter introductorio, pero no por ello es menos importante, sino que, como lo mencionamos al empezar, junto a la siguiente entrega forman una unidad indisoluble. En la segunda parte se formularán y explicarán para no caer en una simple descripción. Por lo tanto, mediante el despliegue de las cuatro figuras de la narración propuestas por Genette las vamos a desarrollar hasta donde la viabilidad de la lógica nos lo permita. Por supuesto, también se verán reflejadas de manera sintética en el apartado de las conclusiones finales.



Juan Postlector

Julio de 2020.


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Notas a pie de página




[1] Para Camus el humanista buscaba sobre todo el reconocimiento interior de la persona siendo sus principales valores morales la defensa de la vida, la pasión por la justicia, la libertad y la felicidad, de acuerdo a la filósofa Anabelle Quesada (1990: 131-132). Su novela La peste representa el non plus ultra en su etapa humanista y es la que mejor sintetiza todo el pensamiento del escritor francés nacido en Argelia (132).
[2] Según la Organización Mundial del la Salud (OMS) la enfermedad por coronavirus es llamada Covid-19 y el virus que la causa es el coronavirus de tipo 2 que provoca el síndrome agudo severo o SRAS-CoV-2.
[3] Fecha de publicación en Internet, en el blog digital El Poslector.
[4] El narratario vendría a ser una especie de receptor del discurso del narrador. El teórico de la literatura, Renato Prada Oropeza (1989: 384), lo explica de la siguiente manera: «El narratario corresponde al narrador, pero se ubica en el polo de la descodificación; así como el narrador se diferencia del autor real y del autor implícito, el narratario se constituye conceptualmente como una entidad que no debe confundirse ni con el lector real (ya que es ficticio o es una función) ni con el lector virtual o implícito, que es la imagen del lector en función de la cual se ha codificado el texto, ni con el lector ideal dotado de la máxima competencia que un determinado texto pueda exigir. Es una función presupuesta en todo texto aunque su presencia pueda no estar marcada».
[5] De acuerdo a la analista de Wall Street e investigadora de Internet Mary Meeker (2019: 9), el año 2018 el número de usuarios de Internet superó el 51% de la población mundial; esto es alrededor de 3,800 millones de personas.
[6] Los investigadores en arte Arthur Efland, Kerry Freedman y Patricia Stuhr en su libro en conjunto, La educación en el arte posmoderno (2003: 30), sintetizan el carácter reduccionista de la posmodernidad citando al ensayista Víctor Burgin: «Los posmodernos no niegan el cambio pero discuten el supuesto de que los cambios puedan ser legitimados como avances positivos de la cultura humana. Además, los pensadores posmodernos recusan a menudo visiones grandiosas de la historia como la que construye Marx a partir de su idea de lucha de clases. Se refieren a estas como grandes relatos o metarrelatos, que es menester sustituir por lo que [el filósofo] Jean François Lyotard llama los pequeños relatos. Se puede decir de éstos  que encarnan la visión de grupos más pequeños (por ejemplo, subcultura, mujeres, etc.)».
[7] El novelista Mario Vargas Llosa (2002: 147), a propósito de lo imprevisible de los cataclismos o catástrofes afirma lo siguiente: «una de las más importantes funciones de la literatura es recordar a los hombres que por más firme que parezca el suelo que pisan y por más radiante que luzca la ciudad que habitan, hay demonios escondidos por todas partes que pueden, en cualquier momento, provocar un cataclismo».
[8] Por testimonial nos ceñimos al crítico Albert Chillón (1999: 61) quien reconoce su valor al decir que, «impulsando el desarrollo y la difusión de géneros literarios de carácter testimonial […], han alcanzado un alto valor artístico, hasta el punto de influir en la fisonomía de las formas literarias tradicionales».
[9] Sobre el discurso narrativo ficcional-realista o simulador de la realidad, seguimos las pautas indicadas por otro crítico: Fulgencio Castañar (2001: 158), quien manifiesta: «el escritor, hombre de su tiempo, tras sentir profundamente los problemas, reacciona y trata de que se modifique esa situación conflictiva, onerosa, por los medios que tiene a su alcance y, entre ellos, principalmente por la ficción novelesca».
[10] Entendemos la Institución desde los presupuestos del sistema del Materialismo Filosófico, propuesto por Gustavo Bueno (2005: 16-49), en el cual señala: «la institución, como categoría antropológica, que implica la racionalidad específicamente humana [hace posible que] tanto un libro como un edificio podrán ser considerados como instituciones».




Bibliografía



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Juan Post

Julio de 2020











Atlas de etnología, de Dieter Haller ([2005] 2011)

H a sido una grata experiencia leer el libro Atlas de etnología *, de Dieter Haller ([2005] 2011). En él pude reconfirmar que la etnología a...